La verdad es que me ha resultado muy sorprendente cómo se ha actuado esta semana en Can Barça con el Caso Eto’o.
Ante una situación tan grave como esta, casi todo el mundo habla de crisis y augura un muy negro futuro al Barça. ¿Qué hacer ante esta situación? ¿Apartar al jugador, darle un sablazo económico…? ¿Cómo solucionar un caso así teniendo delante a una persona con ese genio y salir vivo?
Todo el mundo ya conoce casos parecidos en el mundo del fútbol, donde el orgullo, la cabezonería y la imagen provocan casos en los que uno acaba tirando piedras contra su tejado. A Capello no le gustaba Becks, y coge la menor escusa para apartarlo. Tira piedras contra su tejado y al final queda como un tonto cuando tiene que readmitirlo y encima el inglés le salva en Anoeta. En Villareal, más de lo mismo. Riquelme tiene roces con el presi y el orgullo lleva a apartar del equipo al argentino, llevando al equipo a la ruina.
¿Qué podía pasar con el camerunés? Si le hubiesen sancionado económicamente, con suerte quizá Eto’o se hubiese calmado (aunque quizá revelado, menudo genio tiene), pero la prensa no tendría bastante y estaría vigilando para reabrir la herida a la más mínima ocasión y con el menor tropiezo, metiendo presión al equipo (y ya se sabe lo malo que es la presión en el futbol). Si le hubiesen sancionado deportivamente, el castigo sería más visible que efectivo, ya que el cuarto poder se frotaría las manos con fotos de Eto’o entrenando apartado durante días, a pesar de que no influiría en el juego del equipo porque aún no está recuperado y, sobretodo, Eto’o sería humillado públicamente (y quizá explotase). Todo esto es lo que haría un club normal dirigido por gente normal.
Pero no, el Barça no es un club normal ni está dirigido por gente normal. Rijkaard es un jefe excepcional. Siempre se comporta, motiva a sus jugadores a superarse, no les reprende por sus errores, evita favoritismos, fomentando el buen rollo y el trabajo en equipo. Se pone delante cuando las cosas van bien, protegiendo a sus jugadores, y se esconde cuando el equipo va bien, dando el mérito a sus jugadores. Para el holandés lo más importante es su plantilla.
Así pues, el holandés se traga su orgullo y soluciona el problema quizá de una de las mejores formas posibles. Eto’o no se verá castigado deportiva ni económicamente ni, lo que es más importante, no será avergonzado en público. Y todo con un abrazo de puro teatro, que calmará a la prensa, por falso que fuese. Eto’o no volverá a estallar por ahora, podrá jugar cuando se recupere de la lesión y, con un victoria del equipo en Mestalla o contra el Liverpool, el asunto se dará por cerrado. Además, tanto el equipo como el camerunés jugarán más motivados para evitar que la prensa se acuerde de lo que se intenta que será una anécdota, y el técnico holandés cierra a la perfección el asunto vaticinando por primera vez de forma clara, que tiene pensado continuar en el Camp Nou, algo que no había querido aclarar en los últimos días.
Al final, todo el mundo se traga un poco de su orgullo para conseguir lo mejor para todos, algo que no suele suceder en el mundo del futbol.




