26 de Marzo de 2007
Leo en el Blog Salmón sobre el nacionalismo en la F1. Parece una broma que en un mundo tan globalizado (¿me parece a mi o esta palabra se está quedando anticuada?) el nacionalismo siga vendiendo.
La Fórmula1 tiene a su favor ser uno de los deportes más seguidos, lo que le ha llevado prestigio y a un montón de famosos y famosetes a su alrededor. Es por eso que para muchos países es quizá un orgullo tener a alguien despuntando en el gran circo, como Fernando Alonso. En un deporte donde los españoles no habían rascado bola, el primer piloto español con un coche bueno ha disparado los índices de audiencia de un deporte como la F1 que últimamente no está en sus mejores niveles de espectáculo.
En un deporte donde los adelantamientos brillan por su ausencia y las carreras acaban casi por orden de escuderías, se está viendo cómo los detalles de ingeniería (cajas de cambios, alerones flexibles polémicos) y otros (glamour…) no son suficientes para mantener la audiencia. Si en España se sigue tanto la F1 es por Alonso (basta comparar índices de audiencia interanuales), en Alemania se ha desplomado la audiencia tras la retirada del heptacampeón. Así, salen a la parrilla pilotos indios, japoneses (Sato siempre ha sido malo, y sus compañeros orientales del año pasado en Aguri eran de risa) y hay cupo de brasileños y Alemanes para conseguir audiencia.
Es interesante ver que la Fórmula1 sabe explotar el nacionalismo, como muchos deportes en general, pero… ¿fuera del mundo del deporte también se le está sacando partido al nacionalismo?





